Hiperplasia prostática benigna: ¿cuándo es necesaria cirugía?
Síntomas, causas, tratamientos y cuándo el crecimiento de la próstata indica una intervención quirúrgica.
La hiperplasia prostática benigna es una condición bastante frecuente en hombres adultos. Aunque no se trata de una enfermedad maligna, sí puede afectar de forma importante la calidad de vida.
¿Qué es la hiperplasia prostática benigna?
La hiperplasia prostática benigna (HPB) es el crecimiento no canceroso de la próstata que ocurre de forma progresiva con la edad. Al aumentar su tamaño, la próstata puede comprimir la uretra, dificultando el paso normal de la orina. No es cáncer ni se transforma en cáncer.
Síntomas
- Dificultad para iniciar la micción, incluso con sensación de urgencia
- Chorro urinario débil o intermitente, que pierde fuerza con el tiempo
- Sensación de vaciamiento incompleto de la vejiga
- Aumento en la frecuencia urinaria, especialmente durante la noche
- Goteo posterior a la micción o urgencia urinaria
Causas
- Cambios hormonales, especialmente relacionados con la testosterona
- Edad avanzada, siendo más frecuente a partir de los 50 años
- Antecedentes familiares de crecimiento prostático
- Enfermedades metabólicas, como diabetes u obesidad
Tratamiento
En etapas iniciales puede optarse por vigilancia médica o tratamiento farmacológico. Cuando los medicamentos no son suficientes o existe obstrucción significativa, la cirugía se convierte en la mejor alternativa para retirar o reducir el tejido prostático.
¿Cuándo es necesaria una intervención quirúrgica?
- Retención urinaria, incapacidad para orinar de forma espontánea
- Infecciones urinarias recurrentes asociadas a obstrucción
- Daño en la vejiga o los riñones por presión urinaria prolongada
- Sangrado prostático persistente o formación de cálculos vesicales
Riesgos de no tratar la HPB
La obstrucción urinaria sostenida puede dañar la vejiga, reduciendo su capacidad. Aumenta el riesgo de infecciones urinarias recurrentes, retención aguda de orina y formación de cálculos vesicales. En casos avanzados puede afectar la función renal.
Recuperación
La recuperación depende del tipo de cirugía realizada, pero en general es rápida y bien tolerada. Muchos procedimientos actuales son mínimamente invasivos. Durante los primeros días es normal presentar ardor al orinar, aumento temporal de la frecuencia urinaria o presencia leve de sangre en la orina.
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